El cuerpo humano está habitado por billones de microorganismos que constituyen lo que se llama el microbioma humano. Estos microorganismos pueblan la piel, la orofaringe, el tracto gastrointestinal, el tracto genitourinario y el tejido mamario entre otros, aunque la mayor concentración de microbios se localiza en el intestino. Solo en el tracto digestivo tenemos entre 1 y 2 kg de bacterias, que representan unos 100 billones de microorganismos.
En 2008, el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) inició el Proyecto Microbioma Humano (PMH), un proyecto de cinco años de duración, que tuvo como objetivo conocer los tipos de microbios que habitan en las diferentes cavidades y espacios del cuerpo y analizar cómo estos pueden influir en la salud y en las enfermedades.
Actualmente se sabe que no tenemos los mismos microorganismos en todas las cavidades y tejidos del cuerpo, ni tampoco en las mismas cantidades. El conjunto de microorganismos que habitan cada cavidad o cada tejido se conoce como microbiota, por ejemplo, microbiota intestinal, microbiota de la piel, microbiota vaginal, etc. Aunque los microbios que nos habitan son comunes a todas las personas, la composición de la población de microbios varía de una persona a otra según su forma de alimentarse, el modo de vida (higiene, comportamiento social) y la genética. E incluso la población de microbios puede ser diferente para una misma persona en diferentes momentos de la vida debido a cambios en la dieta, la toma de medicamentos o cambios en el medio ambiente.
La microbiota intestinal es la más estudiada, y se sabe que sus principales funciones son la recuperación de la energía y los nutrientes de los alimentos, la protección frente a la invasión de microbios patógenos, la regulación del sistema inmunitario y la producción de neurotransmisores (moléculas que transmiten información desde las neuronas).
Ya a principios del siglo XX, el microbiólogo ruso y premio Nobel Iliá Ilich Méchnikov, estudiando los procesos de envejecimiento humano, observó que la población de ciertas poblaciones rurales de Europa que se alimentaban principalmente de leche fermentada por bacterias ácido-lácticas, tenían una vida mucho más larga que otras poblaciones. Desde entonces se han realizado multitud de estudios sobre las bacterias que nos habitan y al mismo tiempo se ha avanzado en el estudio de los probióticos, es decir de aquellas cepas de microorganismos que administradas al ser humano pueden reportarle beneficios para su salud (FAO y Organización Mundial de la Salud, 2002).
Diversos estudios han demostrado que, debido a diferentes causas (alimentarias, farmacológicas, estrés, patologías digestivas, sedentarismo, etc.), a menudo se producen alteraciones tanto en el tipo como en la cantidad de microorganismos de nuestra microbiota que influyen negativamente en la salud. Así por ejemplo, se sabe que las alteraciones en la microbiota intestinal humana, conocida como disbiosis intestinal, se relaciona con afecciones que van desde trastornos digestivos (diarrea, estreñimiento, hinchazón, malas digestiones…), hasta afecciones tan importantes como la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome del intestino irritable, la obesidad e incluso patologías que pueden parecer tan lejanas a los problemas intestinales como enfermedades alérgicas, problemas inmunitarios, asma, fibrosis cística, trastornos de la piel o candidiasis, entre otras. En algunos casos no se sabe a ciencia cierta si la alteración de la microbiota es la causa de la enfermedad o si es la enfermedad la que altera el equilibrio de la microbiota.
De los estudios realizados con distintas cepas probíóticas, se deduce que pueden ser beneficiosos en varias enfermedades e indicaciones frecuentes como: diarrea aguda y diarrea asociada a antibióticos (lactobacilos y bifidobacterias), diarrea del viajero (lactobacilos y la levadura Saccharomices boulardii), estreñimiento (lactobacilos y bifidobacterias en combinación con fructooligosacáridos ), alergias (L. rhamnosus, L. reuteri, L.casei, B. breve y B. longum), síndrome del Intestino irritable (bifidobacterias y lactobacilos), salud bucodental (Lactobacillus salivarius en prevención de caries y Lactobacillus casei en prevención de enfermedades de las encías), en vaginosis bacteriana y candidiasis (L. acidophilus y L. rhamnosus), y en infecciones del tracto urinario (L. acidophilus y L. rhamnosus).
En la actualidad se están llevando a cabo importantes estudios sobre el papel beneficioso que los probióticos pueden jugar en el embarazo, la lactancia y la infancia en relación con la prevención de complicaciones en el parto, un buen desarrollo inmunitario del niño y el adulto y la prevención de enfermedades atópicas, entre otros beneficios.
Probióticos en el embarazo y la lactancia
La amplia investigación que se ha realizado en los últimos años sobre la microbiota ha demostrado que una buena o mala microbiota puede influir en la fertilidad y también en el desarrollo de un buen embarazo. Por otra parte, las bacterias beneficiosas se transfieren desde la madre al niño y una buena o mala microbiota de la madre puede tener implicaciones sobre la salud del niño (y del adulto en que se convertirá) desde la gestación, durante la lactancia y en las primeras etapas de la vida.
Antes del embarazo (etapa preconceptiva)
Una de las infecciones vaginales más frecuentes en las mujeres de edad fértil es la vaginosis bacteriana (VB). Esta infección se produce cuando los lactobacilos, que la defiende de distintas infecciones, disminuyen su número por cualquier causa y son sustituidos por otras bacterias, principalmente Gardnerella vaginalis y/o Atopobium vaginae. Esta infección no siempre da síntomas, por lo que muchas mujeres tienen esta infección sin saberlo. Los microorganismos responsables de vaginosis bacteriana son la causa de muchas infertilidades, porque actúan negativamente sobre el esperma y sobre la implantación del embrión. Se estima que el 19% de mujeres con problemas de fertilidad tiene vaginosis bacteriana. En un estudio realizado recientemente en mujeres infértiles que asistían a tratamiento de fertilización in vitro (FIV) se observó que el 21% de las pacientes tenían infección, con altas concentraciones de estos microorganismos (G. vaginalis y / o A. vaginae), y que muy pocas de estas mujeres (solo el 9%) habían conseguido un embarazo. Los autores del estudio sugieren que antes de someterse a un tratamiento de fertilidad in vitro las mujeres se sometan a una revisión para descartar una vaginosis bacteriana y, en caso de que el resultado de positivo, se les de tratamiento y se administren probióticos a fin de modificar su microbiota vaginal. Es razonable pensar que esta revisión y posterior tratamiento sería conveniente para todas aquellas mujeres que pretendan quedarse embarazadas.
Embarazo
Durante el embarazo la microbiota vaginal está más expuesta a alteraciones y por tanto la mujer tiene mayor riesgo de contraer infecciones vaginales. Esta infección aumenta el riesgo de parto prematuro hasta en un 40%.
Los estudios realizados en embarazadas han mostrado que la administración de probióticos orales o vaginales (del tipo de los Lactobacillus), puede reducir el riesgo de vaginosis bacteriana y de la aparición de parto prematuro causado por estas infecciones.
Otra de las complicaciones del embarazo relacionada con alteraciones de la microbiota vaginal, es la preeclampsia (complicación grave del embarazo que se asocia a hipertensión). Los resultados de los estudios realizados en embarazadas sugieren que los probióticos pueden modificar la inflamación de la placenta y la presión arterial, disminuyendo el riesgo de preeclampsia. Un estudio realizado en madres e hijos noruegos en 33.399 mujeres con un primer embarazo en los años 2002-2008, asoció el consumo regular de probióticos lácticos en el embarazo con un menor riesgo de sufrir esta peligrosa complicación.
Transferencia de bacterias de la madre al niño. Formación de la microbiota.
Por otra parte, las bacterias beneficiosas son transferidas desde la madre al recién nacido. El desarrollo de la microbiota intestinal se inicia en la vida intrauterina a través de la placenta y el líquido amniótico. La colonización masiva ocurre durante el parto y continúa durante la lactancia. Esta colonización inicial es importantísima ya que sienta las bases para el microbioma adulto del infante que será relativamente estable para toda la vida. Las bacterias beneficiosas transferidas al niño desde la madre, pueden equilibrar la respuesta inmune, suprimir la hipersensibilidad y reducir las reacciones alérgicas y el eczema. También se ha relacionado con una reducción de los trastornos digestivos como el cólico del lactante y una reducción de la posibilidad de infecciones al fortalecer el sistema inmunitario. Diversas investigaciones apuntan a que una suplementación temprana de probióticos podría reducir el impacto del cólico del lactante y reducir el riesgo de desarrollo de respuestas autoinmunes, alergias y eczemas.
Probióticos en infantes y niños
Diversos estudios han demostrado que en los bebés nacidos por cesárea la colonización se retrasa. Investigaciones recientes sugieren que los bebés nacidos por cesárea pueden ser más susceptibles a alergias y asma y mostró que la administración de probióticos desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad reducía la incidencia de alergia a los 5 años en niños nacidos por cesárea.
Cólico del lactante
El cólico del lactante es uno de los problemas más comunes en los primeros tres meses de vida y afecta a entre el 10% y el 30% de los niños recién nacidos. La causa exacta del cólico es desconocida, y se revela como multifactorial: un sistema digestivo inmaduro, la producción excesiva de gas y el trastorno digestivo son las causas más asociadas al cólico. Las investigaciones realizadas muestran que en los bebés con cólico del lactante se han observado recuentos más bajos de lactobacilos intestinales que en los bebés que no los sufren. Diversos estudios indican que la ingesta diaria de probióticos puede acortar la duración del llanto y la molestia en los bebés con cólicos.
Se cree que una de las causas principales de cólico del lactante es la malabsorción de la lactosa en niños en que su microbiota no está completamente desarrollada. Los lactobacilos intestinales también producen lactasa que es una enzima necesaria para metabolizar la lactosa de la leche materna o maternizada . Un reciente estudio, controlado frente a placebo, en bebés con cólicos mostró que en los bebés a los que se administró una combinación de dos cepas probióticas (L. Reuteri y L Rhamnosus), se observó una reducción de los cólicos significativamente mayor que en el grupo control que no los recibió.
Alergia y eczema
Se estima que 15-20% de los niños en el mundo occidental tienen dermatitis atópica (DA) y que hasta la mitad de los que la tienen desarrollarán asma más adelante durante la vida (American Academy of Allergy Asthma & Immunology). Hasta el 40% de los niños con dermatitis atópica moderada a severa también tienen algún tipo de alergia alimentaria, aunque no está claro si los alimentos pueden ser la causa. Lo que si se ha demostrado es que cuando existe una alteración de la microbiota se altera la función barrera de la mucosa intestinal y es más fácil que penetren en el interior del organismo sustancias alergénicas o que desencadenan en el organismo reacciones alérgicas.
Estudios realizados en hospitales daneses muestran que la suplementación con una combinación de Lactobacillus Reuteri y L Rhamnosus puede equilibrar la microbiota alterada, restaurar la función barrera y reducir la alergia y el eccema infantil.
Infección por rotavirus
Otro de los problemas frecuentes que afectan a los niños durante el primer año de vida son las infecciones por rotavirus, que causan el 70% de casos de diarrea en lactantes y niños.
Las infecciones por rotavirus pueden afectar de distinta manera a los niños, de forma que en algunos desaparecerá en pocos días, con cambios alimenticios y rehidratación, mientras que en otros el cuadro se manifiesta de forma más severa con abundante diarrea y vómitos y riesgo de deshidratación por lo que pueden requerir incluso hospitalización.
Estudios realizados en Dinamarca han demostrado que una combinación de L. Reuteri y L. Rhamnosus reduce significativamente la diarrea inducida por el virus. Un trabajo reciente que recoge varios estudios clínicos, confirma estos resultados y concluye que de los resultados de los estudios revisados se puede concluir que ciertos probióticos (como L. Reuteri, combinaciones de L. Reuteri y L Rhamnosus y el Saccharomyces boulardii) reducen la duración de la diarrea aguda causada por rotavirus comparado con el control.
Otro de los efectos positivos de los probióticos, demostrado en múltiples estudios, es la prevención y reducción de síntomas de diarrea en pacientes en tratamiento con antibiótico. La diarrea por antibióticos se estima que afecta al 20% de los pacientes tratados con estos medicamentos.
El uso de probióticos junto con los antibióticos puede ayudar además a prevenir el sobrecrecimiento de especies patógenas oportunistas resistentes a los antibióticos.
Conclusiones
De los estudios publicados hasta la fecha, se desprende que, aparte de los beneficios generales para la salud que se puede esperar de los probióticos que actúan en el tracto digestivo, se ha demostrado que en el embarazo, la administración de probióticos puede reducir el riesgo de vaginosis bacteriana y de la aparición de parto prematuro y preeclampsia. Por otra parte, las bacterias beneficiosas que se transfieren de la madre al niño pueden equilibrar la respuesta inmune y reducir las reacciones alérgicas, reforzando el sistema inmune del bebé. La administración de probióticos a niños puede ayudar a reducir el cólico del lactante, los síntomas de dermatitis atópica y prevenir y reducir los síntomas de diarrea, tanto la causada por rotavirus como la causada por los tratamientos antibióticos.
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Prof.ª Mª José Alonso Osorio
- Licenciada en Farmacia por la Universidad de Barcelona.
- Diplomada en Fitoterapia por la Universidad de Montpellier.
- Especialista en Farmacia Galénica e Industrial.
- Director Técnico y responsable de desarrollo de productos en Industria Farmacéutica (1972 a 1985).
- Farmacéutica comunitaria (desde 1985 hasta 2004 como titular y copropietaria, desde 2010 como substituta a tiempo parcial).
- Profesora y tutora en Máster y Postgrado de Fitoterápia UB - IL3 (Universidad de Barcelona)
- Profesora colaboradora en Máster de Nutrición y Salud, UOC (Universitat Oberta de Catalunya)
- Vocal de la Junta de Gobierno de la Sociedad Española de Fitoterapia.
- Miembro del Comité Científico de INFITO (Centro de Investigación sobre Fitoterapia).
- Socia de la AEEM (Asociación Española para el Estudio de la Menopausia)
- Académica correspondiente de la Real Academia de Farmacia de Cataluña.
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